Mestre Esplá

Por Paco March / Foto: Aitana March

A Esplá le imponen hoy, 9 de octubre, Día de la Comunidad Valenciana, la Gran Cruz de la Orden de Jaume I, la más alta distinción de dicha comunidad autónoma.

A lo largo de su propia historia, en tauromaquia la condición de maestro se daba a aquellos toreros que, por su trayectoria en los ruedos (también fuera de ellos), dejaban huella, aportaban en su evolución artística y la trascendían. Y, atendiendo a ello, la lista no sería muy extensa. Ocurre que, de un tiempo a esta parte, incluso los mismos profesionales, los jóvenes que dan sus primeros capotazos, informadores, críticos, periodistas taurinos y hasta algunos aficionados otorgan la condición de maestro a cualquier matador de toros a poco que se tercie. No es el caso de Luis Francisco Esplá, Maestro con mayúsculas.

Esplá, más de tres décadas como matador en activo, cumplidos cincuenta años desde su alternativa, impartía lecciones en el ruedo cuando se vestía de luces frente al toro —¡y qué toros!— y entonces y ahora lo hace en la vida. Siempre desde un discurso despojado de ego, que esa es la mejor virtud de los maestros que lo son de verdad, en todos los órdenes de la vida y en cualquier manifestación cultural y artística.

El Mestre Esplá toreaba como es y es como toreaba. Un libro abierto de sabiduría sin el menor atisbo de suficiencia. Desafiaba al toro con una sonrisa y banderillas con los colores blanco y azul de su Alicante en sus manos, y la lidia toda era un compendio de suertes aplicadas a cada circunstancia, léase la condición del animal y el escenario. Lo del escenario, la plaza, la ciudad, el pueblo y también el país (los públicos, sus gustos, su forma de expresar contento o reprobación, no son iguales en España, Francia o América).

Capaz de desafiar, sin altanería pero con chulería, a los tendidos de sol en Pamplona o recibir con el escepticismo de los sabios lisonjas o improperios de ese tendido de Las Ventas que todos sabemos.

El Mestre Esplá también ante el lienzo en blanco, pinceles y pinturas, colores mediterráneos, tal que su tauromaquia, ilustrando carteles que, sin ver su firma EM (Esplá Mateo), se saben suyos. El Mestre Esplá en entrevistas, charlas, conferencias, cursos... con un discurso transversal, dinámico, ilustrado e ilustrativo, diáfano, ecléctico, sin dogmatismos, preclaro.

Eso y más, mucho más, es el Mestre Esplá: un alicantino universal, más allá de premios, medallas y distinciones.

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